Huelga decir que el éxito del Barça va unido, inevitablemente, al éxito de Messi. Pocos son los partidos malos de Messi en los que el Barça haya jugado bien, aunque la ecuación no funcione de la otra manera: Messi puede hacer grandes partidos sin que el equipo esté a la altura. Sin embargo, durante el año pasado, hubo equilibrio entre las dos partes, cosa que desembocó en el éxito difícilmente repetible del triplete. Por eso, para el Barça es muy importante mantener a Messi con confianza, ya que le aporta un plus que convierte a un gran equipo en la máquina imparable que ha sido el conjunto azulgrana en los últimos tiempos.
Ahora, con Argentina en zona de repesca y con Maradona más perdido en la zona técnica que con un libro delante, las críticas también se vierten sobre Messi. Incluso se ha llegado a decir que quizá Messi no debería tener sitio en la albiceleste. Muy sobrados deben ir por la patria del Ché (también de Rosario, como Leo) si deciden prescindir de Messi tal como están las cosas. El problema es que toda la ilusión que hay en Argentina con el 10 del Barça se convierte en presión cuando se enfunda la zamarra de su país, cosa a la que no ayuda 'el Diego' diciendo que Messi debe demostrar lo buen jugador que es y dejar de ser una promesa (¿?). Con lo que idolatra Messi a Maradona, no le hará ningún favor si continúa en esa línea de declaraciones.
El problema de Argentina, dejando a un lado a un Maradona que de tácticas sabe tanto como tú o como yo (o quizá menos), es que quiere que Messi resuelva todos los partidos. Parece que si acompañas a Messi con 10 chavales de quince años y los pones contra Brasil y pierdes, la culpa es de Leo. No puedes concentrar todo el juego en un jugador, porque el rival sabe que poniendo más atención a ese jugador tendrán el partido controlado. Todos los recursos argentinos se reducen a Messi, una vez que lo paran, Argentina no sabe qué hacer. Maradona no tiene 'plan B'.
Por eso, cuando después se leen críticas a Messi diciendo que "no es el del Barcelona", haría falta aclarar también que Argentina no es el Barça. Si en un partido del Barça tapan a Leo, el partido lo puede resolver Ibrahimovic, Xavi, Iniesta o Henry, cuando no Touré o algún remate e córner. Guardiola tiene preparadas diversas estrategias para según como esté el partido y tiene alternativas a Messi. Así, el equipo rival no puede centrar su marca en el argentino porque otro crack le puede hacer un destrozo. Con la presión más repartida, Messi se siente más cómodo y puede sacar su juego y su genio, cosa que, en Argentina, la presión se lo impide. Quizá Argentina no tenga tantos recursos como el Barça, pero siendo una selección grande como la que es, debería aprovechar más a sus jugadores y dejar de centrar todos los focos en un chaval que, al fin y al cabo, tiene 22 años y le obligan a llevar, él solito, a su país al Mundial.
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viernes, septiembre 11, 2009
lunes, septiembre 07, 2009
Una herencia incalculable
El próximo mundial de Sudáfrica puede celebrarse sin la participación de los dos mejores del mundo. La Portugal de Ronaldo está prácticamente fuera a falta de un milagro: dependen de la suerte y, lo que se antoja más difícil, tienen que ganar los partidos que le quedan. Digo difícil porque, a pesar de que resulte increíble con la plantilla que tiene, Portugal no juega a nada y se arrastra por cada campo que pisa. En el otro lado del charco, la Argentina de un Maradona que perderá gran parte de su imagen al finalizar su etapa como seleccionador si sigue así, está contra las cuerdas. De su zona pasan 4 y va cuarta. Hasta aquí parece que tampoco hay muchos apuros, pero se entiende la ansiedad cuando ves que Argentina ha perdido tres de sus últimos cuatro partidos. Maradona aún no sabe a qué quiere que juegue su Argentina y el equipo vaga sin rumbo.
De las grandes selecciones, parece que sólo Alemania, Inglaterra, Brasil, Holanda y España tienen claro un estilo y una manera de hacer las cosas. Unos se basan en su tradición guerrera (los germanos), otros en el hermetismo defensivo como axioma (los de Capello), otros en la velocidad (holandeses) y los últimos en el tan manido tiki-taka, caso de los españoles. Las otras 'grandes', como Francia o Italia tienen más problemas de los esperados en grupos menores, aunque su clasificación no corre peligro. Los franceses siguen con un Domenech que da más penas que alegrías y los italianos afrontan una renovación generacional que, si no fuera porque son italianos y ya sabemos cómo son, los incapacitaría para luchar por cualquier título a corto plazo.
Así, las anteriormente citadas selecciones, esas que poseen un estilo y una manera de hacer, son el oasis en medio del desierto. Lo suyo no es nada fácil: el seleccionador ve a sus jugadores juntos pocas veces al año y ha de lograr que esos hombres se conjunten bien, que no haya lucha de egos y que asimilen, en menos de una semana, un estilo y unas directrices. Es una tarea enormemente difícil y que requiere además una dosis de suerte para que la mezcla salga bien, ya sea con la entrada o salida de algún jugador o con un cambio de sistema afortunado. Pero el papel de la suerte es secundario si el seleccionador es coherente con su plantilla.
Es el caso de la selección española. Luís Aragonés, cuestionadísimo siempre desde el Mundial 2006 y con la selección casi eliminada del Europeo que después ganó, hizo un cambio de rumbo total que convirtió a una selección perdedora en una máquina de ganar. Comenzó echando de la selección a Raúl, Salgado y Cañizares, que envenenaron el ambiente en Alemania y rompían la dinámica de grupo. Después echó cuenta que si en algo destaca la selección española es en tener a los mejores centrocampistas de toque del mundo. Luego, como todo buen entrenador, creó un sistema alternativo por si había lesiones o el partido se complicaba. Así, España pasó a jugar con un 4-4-2 con la alternativa del 4-5-1 (con el que España ganó la Euro a Alemania), renunció a las bandas puesto que ningún jugador en esa posición daba la talla y se centró en jugar por el centro, siempre con una buena mezcla entre peloteros y barrenderos. Con Senna y Xavi en el centro e Iniesta y Silva un poco más abiertos, España cosechó momentos de grandísimo fútbol. Luís Aragonés había dado con la tecla cuando nadie lo esperaba: España tenía, por fin, un estilo ganador. Su legado posiblemente sea el más importante la historia de la selección.
De las grandes selecciones, parece que sólo Alemania, Inglaterra, Brasil, Holanda y España tienen claro un estilo y una manera de hacer las cosas. Unos se basan en su tradición guerrera (los germanos), otros en el hermetismo defensivo como axioma (los de Capello), otros en la velocidad (holandeses) y los últimos en el tan manido tiki-taka, caso de los españoles. Las otras 'grandes', como Francia o Italia tienen más problemas de los esperados en grupos menores, aunque su clasificación no corre peligro. Los franceses siguen con un Domenech que da más penas que alegrías y los italianos afrontan una renovación generacional que, si no fuera porque son italianos y ya sabemos cómo son, los incapacitaría para luchar por cualquier título a corto plazo.
Así, las anteriormente citadas selecciones, esas que poseen un estilo y una manera de hacer, son el oasis en medio del desierto. Lo suyo no es nada fácil: el seleccionador ve a sus jugadores juntos pocas veces al año y ha de lograr que esos hombres se conjunten bien, que no haya lucha de egos y que asimilen, en menos de una semana, un estilo y unas directrices. Es una tarea enormemente difícil y que requiere además una dosis de suerte para que la mezcla salga bien, ya sea con la entrada o salida de algún jugador o con un cambio de sistema afortunado. Pero el papel de la suerte es secundario si el seleccionador es coherente con su plantilla.
Es el caso de la selección española. Luís Aragonés, cuestionadísimo siempre desde el Mundial 2006 y con la selección casi eliminada del Europeo que después ganó, hizo un cambio de rumbo total que convirtió a una selección perdedora en una máquina de ganar. Comenzó echando de la selección a Raúl, Salgado y Cañizares, que envenenaron el ambiente en Alemania y rompían la dinámica de grupo. Después echó cuenta que si en algo destaca la selección española es en tener a los mejores centrocampistas de toque del mundo. Luego, como todo buen entrenador, creó un sistema alternativo por si había lesiones o el partido se complicaba. Así, España pasó a jugar con un 4-4-2 con la alternativa del 4-5-1 (con el que España ganó la Euro a Alemania), renunció a las bandas puesto que ningún jugador en esa posición daba la talla y se centró en jugar por el centro, siempre con una buena mezcla entre peloteros y barrenderos. Con Senna y Xavi en el centro e Iniesta y Silva un poco más abiertos, España cosechó momentos de grandísimo fútbol. Luís Aragonés había dado con la tecla cuando nadie lo esperaba: España tenía, por fin, un estilo ganador. Su legado posiblemente sea el más importante la historia de la selección.
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lunes, julio 09, 2007
Copa América 2007: sinónimo de gol
Tremendos cuartos de final que nos ha deparado la Copa América. Gol, espectáculo, pasión y fútbol, mucho fútbol. En Radio W (una emisora de Chile que escucho cuando veo los partidos) comentan que debe ser uno de los campeonatos con más goles de la historia y, sin duda, no se equivocan. Miremos los resultados:
En el Venezuela - Uruguay la anfitriona tenía, nuevamente, una cita con su historia. Nunca había ganado un partido en la Copa América y, por consiguiente, jamás había pasado de la primera fase. Este año y ante su hinchada, logró las dos cosas: ganar su primer partido, frente a Perú, y pasar a la siguiente fase, nada más y nada menos que como primera de grupo. Uruguay pasó como tercera, por detrás del antes citado Perú (que le dio un soberano repaso), pero con la sensación que iba de menos a más. Así fue: Uruguay planteó con maestría el encuentro, bloqueando a Venezuela y saliendo a la contra, donde Forlán demuestra que ha recuperado el instinto que lo llevó a ser Balón de Oro. Éso y un pelotazo de Pablo García, acabaron con el partido. Los otros dos goles fueron con Venezuela volcada en ataque.
Brasil - Chile. Yo, al contrario de mis compañeros de viaje chilenos de Radio W, tenía un pálpito: Chile echaría a Dunga. Los chilenos tenían muy pocas esperanzas, pero yo veía al 'chupete' Suazo celebrando dos goles y a Doni tumbado en el suelo, boca arriba, con las manos en la cabeza, lamentándose por no haber podido atajar al brillante jugador chileno. Mis sueños duraron poco más de un cuarto de hora, lo que tardó Juan en cabecear, absolutamente solo, a la red un córner. Diez minutos después, Brasil ya ganaba 3-0 con goles de Baptista (espléndido remate desde el vértice del área, otra vez sin marca) y Robinho, tras pasearse ante la frontal del área y disparar al palo corto, imparable para el portero, ante la pasividad de la defensa andina. Partido acabado a la media hora. De la segunda parte sólo rescato el golazo de Suazo, seguramente el mejor de la Copa América. Recibe cerca de la frontal, se deshace de un defensa con un movimiento de cuerpo, toca suavemente la pelota para desprenderse de otro, y la eleva por encima de Doni con una calidad asombrosa. Grande chupete.
El México - Paraguay duró unos dos minutos. El portero guaraní derribó al omnipresente Nery Castillo cuando éste se dirigía a inagurar el marcador. Penalty y expulsión (hablaré de ésto más tarde, es un tema interesante) del golero, como lo llaman en Chile, y gol de Castillo. El partido prácticamente había terminado, ya que Paraguay es equipo de esperar y salir, parecido a México pero sin tanta velocidad arriba (Santa Cruz no es Castillo) y el México de Hugo es un equipo ordenado perfectamente bajo las órdenes, en el terreno de juego, de Márquez. Paraguay debía cambiar su estilo de juego y conseguir desarbolar a la defensa azteca, algo que no ha conseguido ningún equipo hasta la fecha salvo el eliminado Ecuador con un tiro desde unos 20 metros. Como era de esperar, Paraguay con un hombre menos y con la necesidad de irse arriba renunció a su más firme valor: orden defensivo. Y Castillo con espacios es como un mono con dos pistolas: muy peligroso. Y así fue, Torrado marcó el segundo, Nery hizo el tercero y Correa, tras asistencia fantástica de este último, falló incomprensiblemente un gol cantado. La segunda parte no tuvo historia, México controló el partido y llegaron tres goles más, uno de penalty transformado por Blanco. Bravo marcó el sexto y último de cabeza, en el área pequeña y sin oposición. El partido más igualado de los cuartos se resolvió a los dos minutos.
Argentina lo tuvo más difícil de lo que parece por el marcador ante Perú. Recordó, por momentos, a esa Argentina tosca y lenta del primer tiempo ante Estados Unidos. Pero en el segundo tiempo, con 0-0 en el marcador y el 'apache' Tévez en el campo, Riquelme se vistió de mago e hizo un partido memorable. Primero rompió el marcador con un zurdazo al borde del área, tras salir la pelota rebotada de una pared entre él y Tévez. Después metió un pase, mágico, de genio, para Messi que sólo podía empujar la pelota hacia adentro. Un gol después de Mascherano, con Perú rendida, y otro de Riquelme tras gran jugada de Carlitos Tévez selló el encuentro y el pase a semifinales de la albiceleste. Final anticipada entre México y Argentina, que son, sin duda, los mejores equipos del torneo.
Las semifinales quedan así:
- Venezuela 1-4 Uruguay
- Brasil 6-1 Chile
- México 6-0 Paraguay
- Argentina 4-0 Perú
En el Venezuela - Uruguay la anfitriona tenía, nuevamente, una cita con su historia. Nunca había ganado un partido en la Copa América y, por consiguiente, jamás había pasado de la primera fase. Este año y ante su hinchada, logró las dos cosas: ganar su primer partido, frente a Perú, y pasar a la siguiente fase, nada más y nada menos que como primera de grupo. Uruguay pasó como tercera, por detrás del antes citado Perú (que le dio un soberano repaso), pero con la sensación que iba de menos a más. Así fue: Uruguay planteó con maestría el encuentro, bloqueando a Venezuela y saliendo a la contra, donde Forlán demuestra que ha recuperado el instinto que lo llevó a ser Balón de Oro. Éso y un pelotazo de Pablo García, acabaron con el partido. Los otros dos goles fueron con Venezuela volcada en ataque.
Brasil - Chile. Yo, al contrario de mis compañeros de viaje chilenos de Radio W, tenía un pálpito: Chile echaría a Dunga. Los chilenos tenían muy pocas esperanzas, pero yo veía al 'chupete' Suazo celebrando dos goles y a Doni tumbado en el suelo, boca arriba, con las manos en la cabeza, lamentándose por no haber podido atajar al brillante jugador chileno. Mis sueños duraron poco más de un cuarto de hora, lo que tardó Juan en cabecear, absolutamente solo, a la red un córner. Diez minutos después, Brasil ya ganaba 3-0 con goles de Baptista (espléndido remate desde el vértice del área, otra vez sin marca) y Robinho, tras pasearse ante la frontal del área y disparar al palo corto, imparable para el portero, ante la pasividad de la defensa andina. Partido acabado a la media hora. De la segunda parte sólo rescato el golazo de Suazo, seguramente el mejor de la Copa América. Recibe cerca de la frontal, se deshace de un defensa con un movimiento de cuerpo, toca suavemente la pelota para desprenderse de otro, y la eleva por encima de Doni con una calidad asombrosa. Grande chupete.
El México - Paraguay duró unos dos minutos. El portero guaraní derribó al omnipresente Nery Castillo cuando éste se dirigía a inagurar el marcador. Penalty y expulsión (hablaré de ésto más tarde, es un tema interesante) del golero, como lo llaman en Chile, y gol de Castillo. El partido prácticamente había terminado, ya que Paraguay es equipo de esperar y salir, parecido a México pero sin tanta velocidad arriba (Santa Cruz no es Castillo) y el México de Hugo es un equipo ordenado perfectamente bajo las órdenes, en el terreno de juego, de Márquez. Paraguay debía cambiar su estilo de juego y conseguir desarbolar a la defensa azteca, algo que no ha conseguido ningún equipo hasta la fecha salvo el eliminado Ecuador con un tiro desde unos 20 metros. Como era de esperar, Paraguay con un hombre menos y con la necesidad de irse arriba renunció a su más firme valor: orden defensivo. Y Castillo con espacios es como un mono con dos pistolas: muy peligroso. Y así fue, Torrado marcó el segundo, Nery hizo el tercero y Correa, tras asistencia fantástica de este último, falló incomprensiblemente un gol cantado. La segunda parte no tuvo historia, México controló el partido y llegaron tres goles más, uno de penalty transformado por Blanco. Bravo marcó el sexto y último de cabeza, en el área pequeña y sin oposición. El partido más igualado de los cuartos se resolvió a los dos minutos.
Argentina lo tuvo más difícil de lo que parece por el marcador ante Perú. Recordó, por momentos, a esa Argentina tosca y lenta del primer tiempo ante Estados Unidos. Pero en el segundo tiempo, con 0-0 en el marcador y el 'apache' Tévez en el campo, Riquelme se vistió de mago e hizo un partido memorable. Primero rompió el marcador con un zurdazo al borde del área, tras salir la pelota rebotada de una pared entre él y Tévez. Después metió un pase, mágico, de genio, para Messi que sólo podía empujar la pelota hacia adentro. Un gol después de Mascherano, con Perú rendida, y otro de Riquelme tras gran jugada de Carlitos Tévez selló el encuentro y el pase a semifinales de la albiceleste. Final anticipada entre México y Argentina, que son, sin duda, los mejores equipos del torneo.
Las semifinales quedan así:
- Brasil - Uruguay. Mi pronóstico es 2-1 a favor de los carioca. Se disputará el martes.
- México - Argentina. Tengo el corazón dividido, me encantan los dos equipos, pero pronostico un 0-1 a favor de los argentinos. Se jugará el miércoles.
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